Cada año mueren más de 30.000 personas por paradas cardiorespiratorias

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Los cinco primeros minutos tras un paro cardíaco son vitales para la supervivencia de quien lo sufre. Y por cada minuto adicional que pasa sin recibir ayuda hay un 10% menos de probabilidades de que salga con vida. La rapidez en la intervención puede significar en este caso la diferencia entre la vida y la muerte.

Si eso es así, en España somos especialmente lentos. La tasa de supervivencia a los paros cardíacos es del 4%, mientras que en EE UU es de casi el 50%. Los americanos no son biológicamente superiores ni más resistentes, simplemente cuentan con una presencia masiva de desfibriladores, concretamente de los modelos externos automáticos (DESA). Utilizar uno de ellos en los dos primeros minutos tras la parada incrementa las posibilidades de salir vivo en un 90%.

Estos aparatos requieren poca capacitación para su manejo. Algunos modelos incluso indican al usuario cuándo hay que separarse del paciente y pulsar el botón que activa la desfibrilación, además de mostrar los pasos a seguir durante todo el proceso.

Pese a que está demostrado que los desfibriladores pueden ayudar a salvar vidas en casos de paradas cardiorrespiratorias –causadas en un 85% de los casos por la fibrilación ventricular– y a que todos los años mueren de esta forma más de 30.000 personas, la normativa española todavía no obliga a que los lugares públicos cuenten con aparatos DESA.

En 2009, el Gobierno sentó las bases para la regulación de la presencia de desfibriladores a través del Real Decreto 365/2009, por el cual se establecen las condiciones y requisitos mínimos de seguridad y calidad a la hora de utilizar estos equipos fuera del ámbito sanitario.

Imponer o no su uso es asunto de las regiones. Actualmente solo cuatro comunidades autónomas (Cataluña, País Vasco, Andalucía y Canarias) han establecido la obligatoriedad de instalar estos equipos en los espacios públicos y una lo recomienda (Aragón)

Aunque la legislación de cada una de estas regiones tiene sus peculiaridades, todas ellas lo consideran obligatorio en las poblaciones de más de 50.000 habitantes; en puntos públicos de mucho tránsito, como estaciones de tren o metro, y en instalaciones deportivas con más de 500 usuarios diarios. Hoteles, auditorios y otros tipos de instalaciones también entran en la lista de lugares que deben equiparse con desfibriladores, aunque cada comunidad establece criterios diferentes.

Cardio Guard ha constatado que muchas empresas optan por instalar los desfibriladores por propia iniciativa, aunque no estén obligados, ya que según que sector, ofrece un valor añadido a sus servicios (hoteles, gimnasios, restaurantes, auditorios, salas de bodas, etc.).

Otro factor importante es la inclusión de la cardioprotección dentro del plan de prevención de riesgos laborales de las empresas, creando una protección de la salud de los trabajadores a nivel transversal, desde la prevención con reconocimientos médicos que nace de la misma evaluación de riesgos hasta las medida proactiva de tener un desfibrilador en la empresa.

Según el “Estudio de Salud y Factores de Riesgo Laboral con los trabajadores de mayor edad” elaborado por la CEOE, se constata que una las enfermedades que aumentan significativamente a partir de los 55 años de edad es el infarto.

Dicho estudio nos da el siguiente dato: en el 2013 se dieron un total de 447 accidentes mortales en jornada de trabajo y casi la mitad de ellos (214) el fallecimiento fue causado por lesiones como: infarto, derrames cerebrales y otras patologías no traumáticas.

La conclusión a la que llega el estudio es que los trabajadores de edad avanzada, en comparación con el resto de trabajadores de edades mas jóvenes, sufren proporcionalmente más accidentes graves y, sobre todo, más accidentes mortales, que seguramente, en un porcentaje superior al 50% de estos fallecimientos los hayan causado infartos, derrames cerebrales y otras patologías no traumáticas.

De la misma manera que todos los edificios deben contar con un detector de incendios, también deberían dotarse de un desfibrilador. Existe la percepción de existir un riesgo más elevado a un incendio que a un infarto y sin embargo, el fuego mató el año pasado a 132 personas, mientras que las paradas cardiorrespiratorias se llevaron a 30.000.

El mensaje de Cardio Guard es en este sentido equiparar la importancia, la fiabilidad y la protección que ofrece un extintor con un desfibrilador con esta premisa: El desfibrilador es al corazón lo que el extintor al fuego

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