Formación en uso de desfibrilador externo: el gran caos

El gran problema de que en el estado español no haya una gran difusión de la instalación de desfibriladores como en otros países puede ser debido a la variedad de normativa que existe, ya que cada comunidad autónoma legisla el tema según su criterio, tal como establecía el Real Decreto 365/2009, de ámbito nacional.

Esto hace que cada comunidad decida si es obligatorio o no y las que deciden que sí lo sea, deciden que tipo de centros y actividades están afectados.

El otro gran damnificado es la formación, que cada decreto normaliza su criterio.

Pero vayamos por partes. El Real Decreto 365/2009 en su artículo 6 establece que para el persona autorizado en el uso del DEA:

“Las comunidades autónomas establecerán los mecanismos necesarios para autorizar el uso de los DESA a todas aquellas personas que estén en posesión de los conocimientos mínimos y básicos necesarios para ello.”

Y continúa añadiendo:

“Los programas de formación, tanto inicial como continuada, para el personal no sanitario, serán organizados tanto por las comunidades autónomas como por entidades públicas o privadas debidamente autorizadas para ello.

El programa de formación deberá, al menos, desarrollar los siguientes contenidos:

a)  Identificación de las situaciones susceptibles de uso de desfibriladores.

b)  Utilización del desfibrilador semiautomático externo.”

Es decir, cada comunidad establecerá su contenido y duración, respetando estos dos grandes apartados dentro del contenido.

Veamos ahora como está la fotografía normativa en materia de formación. Salvo la Comunidad de Madrid, todas las demás tienen decreto propio. En todas ellas, la autorización para que las entidades públicas o privadas puedan impartir la formación en el uso del DEA pasa por los Departamentos de Salud de la comunidad autónoma correspondiente.

Cada Decreto establece 2 tipos de formaciones: Inicial y Práctica. Y para cada una, una parte teórica y otra práctica.

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Tabla: Elaboración propia, Cardioguard.

En la tabla se puede observar como existen disparidades de criterios en la duración tanto inicial como continuada y en esta última, en su periodicidad, que va de la anual a la trianual.

Se nos hace difícil entender esta falta de homogeneizar un aspecto tan importante como la formación. Es bien sabido que los desfibriladores, con un buen mantenimiento, tienen una alta fiabilidad, y, por tanto, el éxito radica en tener un buen equipo formado y su continuo reciclaje. La formación crea un hábito en una situación de pánico y ofrece las herramientas necesarias para afrontar dicha situación en las mejores condiciones.

Es importante que exista un criterio común que permita dar relevancia a la formación, definiendo todos los aspectos (hay comunidades que no definen cuanto de teórico y cuanto de práctico) que la conforman.

La formación no es un complemento, es parte esencial de tener un espacio cardioprotegido.

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